“No alcanzan los trabajos sociales”

Cansado de “la esquizofrenia” y con una “real vocación de poder”, el cineasta se lanza a presidente y a senador. A los 71 años, con su última película ya lista, sus temas principales son “el patrimonio nacional” y la distribución de la renta.

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Imagen: Arnaldo Pampillon

Viene del Sur, donde estuvo de gira con su nueva película, y en su retina parece haber quedado la inmensidad de esas planicies. Fernando “Pino” Solanas, flamante candidato a presidente por el Movimiento Proyecto Sur, comienza la charla afirmando que dan inicio a “una travesía, quizás en el desierto”, y concluye enfatizando que compiten con un “caballo de tiro largo, para atravesar varios desiertos, porque queremos llegar a gobernar”. Esta “real vocación de poder” ya había sido explicitada hace pocos días, cuando anunció su alianza con Claudio Lozano y con el socialismo auténtico para la disputa electoral de octubre, en un intento de diferenciarse de lo que se denomina la izquierda testimonial. En esta entrevista con Página/12, revela las precauciones que tomó para lanzarse a “esta cruzada, que sigue hasta el 2011 y el 2015, y que tiene el espíritu de las asambleas”. Y evalúa que si el Frente Grande “hubiera permanecido en sus postulaciones antineoliberales como fuerza de recambio, en los años 2000 era gobierno”.

El pionero del cine social, el ex diputado y constituyente, el cofundador del Frente Grande, volvió a las páginas de política. En el austero local del Moreno (Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora), sólo decorado con dos retratos de Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, Solanas toma un té con palmeritas y vuelve sobre su pasado. “Tengo cincuenta años de militancia. En el año ’56 era juventud militante que estaba encendida por Petróleo y política, y la resistencia contra la dictadura gorila. Mi vida miserable a los veinte años me la ganaba en oficios bastardos, componía jingles, hacía fotonovelas. Estudiaba abogacía, era músico y daba lecciones de piano. Además, era crítico musical de la revista Qué Sucedió en Siete Días, donde Scalabrini Ortiz y Jauretche eran los periodistas estrella. Cuando asume Frondizi, es nombrado Julio Canessa como director de Gas del Estado y me lleva como uno de sus tres secretarios. De ahí me viene la pasión por el tema de la energía. En el ’90 y ’91 escribí en Página/12 una serie de artículos en los que acusé a Carlos Menem de encabezar una banda que tenía por fin vaciar el patrimonio público. Me inició un proceso por calumnias e injurias, que ratifiqué en Tribunales, y al día siguiente sufrí un atentado con seis tiros en las piernas. Esa semana salió una contratapa de Página/12 que se titulaba “Diantres, ¿me está amenazando?”, de cuando era historietista me quedó diantres, pardiez, mutis por el foro” (se ríe)…

–¿Esto lo volcó a la política?

–Después de la balacera y de ese artículo me venían amenazando para que me callara o me fuera del país, pero ya en la camilla de la ambulancia lo estaba acusando a Menem como responsable. Todo ese torbellino fue un campanazo en mi vida. Estaba terminando el montaje de mi película El viaje, una especie de historieta-road movie del vaciamiento de la Argentina, y se formó una corriente grande de gente que me saca de mi oficio cinematográfico. En junio del ’92 fui candidato a senador por la Capital y eso también surgió a partir de un artículo mío en Página/12, así que el diario es bastante responsable de haberme abierto sus espacios: “Otro país es posible”, era el título, y esa frase empezó a ser usada por el Frente Grande. De ahí surge el Frente del Sur, que en 46 días logró sacar el 7,8 en Capital. Fue muy fuerte, a pie, boca en boca, no había recursos. Luego abrimos las puertas al sector del Chacho Alvarez. No estoy acá para la competencia electoral, les dije. Yo estoy híper realizado en lo personal. He ganado los premios máximos en la cinematografía, Berlín, Cannes, Venecia. Estoy de vuelta de esos halagos. Me siento muy bien conmigo mismo. Pero lo otro es una pasión, un conflicto con el país.

–Algo así como devolver un poco.

–Por supuesto. Nos hemos bebido la comunidad, sus historias, sus palabras, sus sentimientos, sus celebraciones. No podría haber escrito mis películas sin ese mar de personajes extraordinarios que la nutren. Por lo tanto, los referentes no pueden escapar a un acto de gratitud. Pero no para convertirse en un profesional de la política porque termina en esto: cuando no pueden reformar más dejan a la señora o al hijo. Tiene que haber renovación, participación, democracia directa, revocación de mandatos. El ciudadano desconoce que es heredero de las inversiones del país, que el Estado no es propietario. Uno de los fundamentos del Proyecto Sur es más democracia con hondo contenido participativo.

–¿Qué crítica y autocrítica hace de la experiencia del Frente Grande?

–Feroz, aquello fue una manipulación espantosa, los medios fueron un instrumento activo de la ruptura y del grosero giro a la derecha del Frente. En la elección de constituyentes gana Chacho en Capital pero yo salgo segundo en la provincia con un millón de votos. Aquello fue muy silenciado. La fracción nuestra planteaba que había que definir el proyecto, que otro modelo de país era posible.

–¿Cuál fue el punto concreto de ruptura?

–El pedido nuestro de revisión de las privatizaciones. Chacho Alvarez y la Meijide sostenían que no se podía cuestionar nada de lo hecho porque era dar una señal contraria a la continuidad jurídica. De ninguna manera queríamos impedir esa continuidad, pero de todo lo lícito. El endeudamiento progresivo ni pasaba por el Congreso, el patrimonio público se privatizó sin balance ni inventarios actualizados. No hay ley más escandalosa que la de Reforma del Estado. Fui a Neuquén a convencer al obispo (Jaime) De Nevares de que debía estar en la Constituyente, y que a la menor señal de que eso se hacía para darle la reelección a Menem nos íbamos. Al tercer día quisieron hacer votar el paquete cerrado, y De Nevares dijo “nos vamos”. Yo dije “me voy”. Chacho y Meijide reunieron a todo el Frente para hacerme una suerte de condena diciendo que yo estaba rompiendo el Frente Grande, no faltaron comentarios de que De Nevares era un loco provocador. La verdad es que la mayor parte de esos convencionales había armado su vida para pasarse tres meses en Santa Fe, con asesores, con un buen sueldo, nadie quería volver a casa. Ahí cometí el error de aceptar la decisión de la mayoría. Me pasé el resto del tiempo en solitario absoluto, eran las épocas en que Meijide y Alvarez vendían la idea de que en el ’95 iban a ser gobierno y que había 14 mil cargos públicos a repartir. Por supuesto no juré esa Constitución, pero me di el gusto de convencer a todos y votar por unanimidad la cláusula de cultura, que ingresa el concepto de que el Congreso debe proteger la identidad y pluralidad cultural, y la protección de los espacios culturales y audiovisuales. Finalmente se desvían tan a la derecha que armaron el Pacto del Molino, con Bordón y Storani, sin una línea programática.

–¿En ese momento quedó desencantado?

–Mi corazón pedía volver a casa. Estaba harto, me habían traicionado de todas partes, para los medios era el malo de la película, el artero escupidor del asado. ¡En plena primavera del Frente y este señor viene a plantear problemas ideológicos, la recuperación del petróleo y del gas! Pero me quedé en la Cámara, solo, y en 1995 me di el gusto de enfrentar a Cavallo y a Bastos en la comisión de Energía, de impedir la privatización de Yacyretá, Salto Grande y la CNEA. En el debate en el recinto Cavallo reconoció que mis datos eran ciertos. Cuando se votó el informe de la comisión sobre IBM-Nación, los diputados de la Alianza no estaban. El aventurerismo y vedettismo de Alvarez, su inconsecuencia, y la Meijide, frustraron las esperanzas de millones de argentinos. Alvarez denuncia la corrupción de la Banelco, que para quienes hemos sido legisladores era vox pópuli, las valijas en las privatizaciones, pero no dijo una palabra del hecho monstruoso de votar más ajuste en la flexibilización laboral.

–¿Por qué volver ahora a la política?

–En ese interregno oscuro de De la Rúa reconstituí mi actividad profesional. En diciembre de 2001 estaba por hacer una película entre España y Francia, pero se cae el proyecto y me encuentro filmando en la calle. En 2002 invito a varios a constituir un espacio social por la defensa de la energía, que es el Moreno. Invito a Félix Herrero, a José Rigane, a Gustavo Callejas, y nace también el Proyecto Sur, para poner el acento en algo no teórico, bajado a tierra, soluciones concretas para la Argentina. En estos años no me aparté de la política, porque hice política social. Me metí con la minería y el patrimonio público.

–Entonces, ¿por qué volver a la batalla electoral?

–Porque no alcanzan los trabajos sociales. En 2003 ese pueblo que había dicho “que se vayan todos” tuvo miedo de construir sus propias representaciones políticas. Pero los cambios en democracia se realizan dentro de las instituciones y la ley, te guste o no. Lo curioso es que el pueblo estuvo obligado a votar a los mismos. Y nos encontramos ante un dirigente que venía navegando por los intestinos putrefactos del justicialismo. La bandera de los derechos humanos, voltear la leyes de impunidad, el debate por la Corte, cambiar la cúpula de las Fuerzas Armadas, volver a colocar el país hacia el Mercosur, en alianza con Venezuela, fueron los momentos más luminosos de Néstor Kirchner. Pero nosotros no nos hemos obnubilado, desde el Moreno venimos denunciando la reafirmación del modelo agro-minero-exportador de Menem por el gobierno Kirchner. El señor Cameron y toda la Secretaría de Energía estuvieron allí y en YPF durante el menemato. Ahora, ¿qué esquizofrenia es que aquellos que estaban gritando “que se vayan todos” hoy estén detrás de un gobierno compuesto por dirigentes de Menem o de Duhalde? Es muy difícil que pueda combatir los males de este país un gobierno constituido por los cómplices de estos males, un gobierno que avala a los mismos intendentes que violaban derechos humanos y apañaban policías del gatillo fácil. ¿Qué les pasa a tantos compañeros de militancias y persecuciones? ¿Cómo podemos permitir que el señor K les transfiera la millonaria renta petrolera a sus socios provinciales, los menemistas Romero, Sobisch…? Acabemos con esto, contribuyamos a que nazca algo mejor.

–Iba a preguntar qué lo motiva a volver a la política, pero está claro. Como ocurrió en otras oportunidades, ¿interrumpió el rodaje de la película Los hombres que están solos y esperan, sobre el ferrocarril?

–No, está casi lista.

Article paru dans le quotidien argentin Pagina 12